Bajo el título “Riesgos, oportunidades, y beneficios de la biotecnología para los países de las Américas”, el evento se realizó el reciente 11 de diciembre en la Sede Central del Instituto, en Costa Rica y se trasmitió vía web a los 34 Estados Miembros.
Inversión para estudios
Según Traxler, quien expuso sobre el contexto y experiencias biotecnológicas en América Latina y el modelo a seguir basado en la investigación y el acceso al conocimiento, los sectores público y privado de países industrializados invierten un 60% más en investigación que aquellos en vías de desarrollo.
Los países que más han avanzado son Brasil, Argentina y México, naciones que al mismo tiempo concentran el 85% de todos los científicos de ALC dedicados a la biotecnología.
Más que ver esos datos como un problema, el especialista recomendó percibirlos como un reto para que “se invierta más en investigación” y con ello se potencie el desarrollo de los países.
A juicio de Trigo, la baja tasa de inversiones y por tanto de innovación “es una realidad interesante, que nos debe llamar a reflexión desde el punto de vista de la creación de políticas públicas” en el campo de las agrobiotecnologías y la bioseguridad.
Por su parte, Tewolde considera que “los países en desarrollo, entre los que se ubican los de América Latina y el Caribe, lo que se está haciendo con presupuestos raquíticos proviene de inversiones del sector público a diferencia de los países desarrollados”.
Sin embargo, el funcionario enfatizó la importancia de la biotecnología, al señalar que durante el 2006 en el mundo se beneficiaron más de 10 millones de agricultores, donde cerca del 90% son de bajos recursos en países emergentes.
El caso argentino
En Argentina, que podría considerarse como el país latinoamericano con mayor éxito en la adopción de la biotecnología, los cultivos de soja, maíz y algodón genéticamente modificados han producido ganancias por más de USD 20 mil millones de dólares en los últimos 10 años.
En el país suramericano y por una condición especial de la propiedad de la patente, la distribución de estos beneficios económicos ha llegado a los productores que lograron captar el 75% de las ganancias, dejando para los proveedores de tecnología el 10% y para el Estado un 15%.
Pero los beneficios van más allá de los productos cultivados; según detalló Trigo “a través del proceso económico que desencadenaron, estas tecnologías cambiaron la fisonomía del sector agropecuario argentino. Aun cuando el área ganadera se redujo en casi tres millones de hectáreas, ha habido un aumento en la producción de leche y carne”.
Esto se explica por la introducción de nuevas tecnologías que hicieron más eficiente la producción de carne y leche, y como respuesta también de los mayores precios de la tierra, resultado de una superior rentabilidad en la producción agrícola derivada de las nuevas variedades de soja.
Por otro lado, del total de empleos generados en la economía agrícola argentina correspondiente a 2 millones 760 mil puestos de trabajo, el 36%, o lo que es lo mismo 998 mil empleos, son atribuibles al proceso de adopción de la soja genéticamente modificada.
Sin embargo, la experiencia argentina no es igual al resto de países latinoamericanos. “La mayor cantidad de ingresos generados en el mundo se forjan en los países industrializados y por ello la mayor cantidad de inversión es de esos países”, explicó Traxler.
Trabajo del IICA
Según especificó el Director de Biotecnología y Bioseguridad del IICA, Assefaw Tewolde, el Instituto trabaja en beneficio de los Estados Miembros para reducir las brechas existentes y aumentar las ganancias en favor del desarrollo rural.
Para ello se estableció un instrumento conocido como “grupos multisectoriales de Biotecnología y Bioseguridad” que integran la academia, al sector público y el privado. Esto ha tenido experiencias positivas en la Región Caribe, Andina y Central, y en países como Ecuador y Paraguay.
Además, el IICA desarrolla proyectos estratégicos emanados de la identificación de necesidades, también ha realizado múltiples reuniones de carácter técnico en el ámbito hemisférico para apoyar la preparación de los países en aspectos de negociación de tratados internacionales.
También ha coordinado cursos de identificación, análisis y manejo de riesgo de los organismos genéticamente modificados y ha logrado identificar socios estratégicos en las Américas para promocionar la agrobiotecnología.
“Con la realización de este foro queremos reconocer que la agrobiotecnología, debidamente acompañada por marcos regulatorios de bioseguridad, ofrece ventajas para la productividad agropecuaria, la conservación y el manejo de la diversidad genética, así como la calidad nutricional de los alimentos”, concluyó Tewolde.
Si desea ver videos del Foro o acceder a las ponencias de los expertos a ingrese a:
http://www.iica.int/RadioIICA/Programas/ForosTecnicos/2007/III-ForoTecnico2007.asp
assefawtewolde@iica.int