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La real contribución de la agricultura
a la economía de Ecuador
 

El aporte de la agricultura ampliada en esta nación andina es más del doble de lo que reflejan las estadísticas usuales.

Joaquín Arias,
Especialista Regional para el Área Andina en Políticas y Comercio, IICA

Silvana Vallejo,
Especialista en Políticas, Comercio y Agronegocios, IICA Ecuador

Rafael Trejos,
Coordinador, Dirección de Planificación Estratégica y Modernización Institucional, IICA

L

a agricultura es nuestro más importante recurso. Ha experimentado tremendos cambios tecnológicos y ahora presenta acuciantes desafíos para el desarrollo de las naciones. Desde el comienzo del hombre, la producción de alimentos fue siempre un prerrequisito para el desarrollo de la civilización. La domesticación de plantas y animales permitió la concentración de poblaciones más densas hace 11.000 años; en la actualidad, la sofisticación tecnológica disponible ha incrementado la variedad de estilos de vida que disfrutan más de 6.000 millones de personas.

La agricultura se ha convertido en mucho más que fincas y alimentos: es considerado un activo estratégico por la mayoría de las naciones. Precisamente, el año pasado, los países desarrollados invirtieron US$ 311.000 millones de dólares en subsidios del gobierno para apoyar a sus agricultores. Los sistemas que existen alrededor de la agricultura, sobre todo su relación con el medio ambiente, la industria, las finanzas, el comercio y los consumidores, se han vuelto más complejos, lo cual exige nuevas herramientas de política y nuevos paradigmas para atender adecuadamente las necesidades de seguridad alimentaria del siglo 21. Aunque la economía del conocimiento y la revolución industrial han dado lugar a un crecimiento y oportunidades sin precedentes, los alimentos y la nutrición siguen siendo el pan y la mantequilla que transforman las calorías en capital.

La agricultura se ha convertido en mucho más que fincas y alimentos: es un activo estratégico por la mayoría de las naciones.

Conforme la agricultura ha ido desarrollándose nos hemos acostumbrado a que siempre haya comida. Aunque 800 millones de pobres en todo el mundo y más de 200 millones en América Latina y el Caribe tienen serios problemas de acceso a los alimentos para sus requerimientos mínimos, las redes para la distribución de alimentos son los mercados más complejos y desarrollados del mundo de hoy. Y a pesar de esta habilidad sin precedente de suministrar alimentos de alta calidad, bajo costo y seguros en cualquier lugar del planeta, la mayoría de las naciones miden el desempeño de la agricultura y su aporte al desarrollo económico, con base en los datos de cosechas y ventas de materias primas, principalmente en forma de cultivos y ganado, es decir, la parte primaria de la actividad.

Sin embargo, todo el procesamiento de alimentos, de la ropa (que depende de fibras como el algodón), o de muebles y papel (que dependen de los árboles maderables) no se toman en cuenta en las estadísticas agrícolas, sino en las de la industria. El complejo agroindustrial también incluye maquinaria, mercados financieros, químicos, farmacéuticos, servicios especializados y ahora incluso recursos esenciales para la vida, como agua y aire. Todas esas actividades económicas extraen recursos primarios de las áreas rurales.

La seguridad alimentaria en un mundo globalizado e interdependiente aparece de nuevo como un reto central para la humanidad, y el desarrollo agrícola juega un papel central en la reducción de la pobreza en la mayoría de los países en desarrollo.

Los retos que impone el entorno internacional y el proceso de adaptación de las economías nacionales a esta dinámica, demanda que los países establezcan estrategias claras de posicionamiento de sus sectores económicos, prioricen sus recursos y fortalezcan sus ventajas competitivas, a la vez que procuran equidad y sostenibilidad que mejoren las condiciones de vida de sus pobladores y preserven su patrimonio natural.

Es urgente encontrar nuevas maneras de medir la contribución de la agricultura a la economía y entender mejor su importancia, así como mejorar las decisiones de inversión para la agricultura, para que sea un agente más efectivo para el desarrollo y la reducción de la pobreza.

Es el momento de visualizar a la agricultura desde un enfoque más complejo y de reconocer que los sistemas de producción que giran en torno a esta, por ejemplo la agroindustria, se han hecho más intrincados y complejos y requieren redes de distribución de alimentos más desarrolladas y dinámicas.

Conciente de esta necesidad, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) desea contribuir, mediante análisis técnicos y bases metodológicas, con los tomadores de decisiones, los formuladores de política pública y la colectividad en general, a fin de mejorar las decisiones en materia de inversión, la formulación de políticas para la agricultura y la asignación de presupuesto de acuerdo con su importancia relativa, de manera que la agricultura contribuya más efectivamente al desarrollo y a la reducción de la pobreza.

En este sentido, el IICA realizó una investigación pionera denominada “Más que alimentos en la mesa: La real contribución de la agricultura a las economías” (IICA, 2004), en el cual se cuantificó la participación de la agricultura para 11 países: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú, Uruguay, Estados Unidos y Venezuela. En el documento se demostró que la participación de la agricultura, medida de una manera tradicional, estaba subvalorada. Posteriormente, el Banco Mundial1 realizó un estudio para varios países de América Latina, cuyos resultados refuerzan los argumentos de que la agricultura y lo rural son más importantes de lo que dicen las estadísticas usuales.

Hoy tenemos la satisfacción de presentar los resultados de este análisis para Ecuador, un país considerado eminentemente agrícola según varios estudios2.

Los sistemas que existen alrededor de la agricultura son crecientemente complejos, lo cual exige nuevas herramientas de política y nuevos paradigmas para atender adecuadamente las necesidades de seguridad alimentaria del siglo 21.

I. El aporte de la agricultura
a la economía ecuatoriana

En el caso de Ecuador, el aporte promedio del sector agropecuario durante el período 1985 -2005 sería de 12,96%; no obstante, la agricultura ampliada3 refleja un valor promedio superior al 25,69%. De esta manera, vista desde un enfoque sistémico la contribución de la agricultura aumenta en más de dos veces (Ver Gráfico No.1).

Para efectos de comparar la contribución del PIBA Ampliado en el Ecuador con los países señalados anteriormente, se tomaron en cuenta los resultados de la Matriz de Contabilidad Social (MCS) de 1997, año en el cual todos los países cuentan con este instrumento como se puede apreciar en el cuadro No. 1.

Resulta interesante destacar que entre mayor sea el grado de diversificación de la estructura económica del país, es evidente el mayor peso de los productos alimenticios y de manufacturas que transforman insumos de la agricultura primaria. Son notables los casos de EEUU, Canadá, Argentina y Brasil, en los cuales se denota que, al incluir alimentos y manufacturas derivadas de este sector, la participación crece notablemente. Para el caso de Ecuador, la generación de valor agregado incrementa su participación en 1,6 veces, cifra menor comparada con el aporte que se registra en otros países del continente, lo que evidencia la limitada transformación de los productos de la agricultura primaria en el país, así como su potencial de expansión.

El estudio sobre Ecuador es continuación de una investigación pionera del IICA denominada “Más que alimentos en la mesa: La real contribución de la agricultura a las economías”.

II. Los encadenamientos que genera la agricultura ecuatoriana

Para el caso de Ecuador, los resultados se aprecian en el cuadro No. 2. Al sumar al aporte del sector primario los encadenamientos hacia atrás y hacia delante, en 1993 la contribución de la agricultura sube de 17,6% a 23,2%; en 1997 pasa de 13,6% a 18,4%. Con el ajuste metodológico, el aporte de la agricultura ampliada es menor, confirmando que simplemente sumar el valor agregado de los sectores vinculados a la agricultura primaria produce una sobreestimación.

Conforme una economía se desarrolla y se diversifica, el sector agrícola primario pierde peso relativo en el PIB, pero genera fuertes encadenamientos con el resto de la economía. Al utilizar las MCS, se puede comprobar la existencia de encadenamientos importantes entre la agricultura y el resto de la economía. Con la nueva metodología, la contribución de la agricultura ampliada decrece de 23,2% en 1993 a 18,4% en 1997, pero como veremos más adelante esto no es indicativo de que la agricultura pierda importancia. Hay que resaltar, además, que los encadenamientos de la agricultura hacia delante (alimentos, agroindustria y exportaciones) son más fuertes que los encadenamientos hacia atrás (insumos, transporte, etc.).

En el caso de Ecuador, al analizar el destino de la producción agrícola se aprecia que la agricultura es una importante fuente de insumos para otras actividades productivas: la demanda intermedia de productos agrícolas primarios absorbe, en 1993, un 58% de la producción agrícola primaria. En otras palabras, las 3/5 partes de la producción agrícola son utilizadas como insumo de otras industrias y/o sectores. A partir del año 1997, y de manera más notoria para el año 2001, se observa una disminución del consumo intermedio como consecuencia de un aumento en las exportaciones, por lo que su utilización como insumo para el año 1997 baja al 55,7% y para el 2001 al 47,6%. Esta tendencia refleja una mayor apertura del sector a los mercados externos.

Igualmente, es importante contar con una aproximación de los encadenamientos de la agricultura en cuanto a generación y uso del ingreso. Para Ecuador, tal aproximación fue interesante en la medida en que se observó que los sectores alimentarios y agroindustriales tienen compras intermedias de insumos por más de 70 centavos por cada dólar de producción. Si comparamos este resultado con los obtenidos para los 11 países de América antes señalados, se observa que las compras intermedias representan un 47% en promedio de los costos del sector agrícola primario para los países incluidos en el análisis. Ecuador genera un mayor encadenamiento hacia atrás para los recursos mano de obra, capital e inversión.

En cuanto a absorción de mano de obra (calificada y no calificada), el sector agrícola se convierte en el mayor demandante de este factor de la producción.

Durante los años 1993 y 1997 se utiliza el 60% y el 54%, considerando que el mayor peso para este aporte lo da la mano de obra no calificada. De todas maneras, también se observa que el sector agrícola está poco tecnificado o capitalizado, en tanto se identifican valores menores a los que han sido demandados por otros sectores. Destaca, por ejemplo, el sector recursos naturales, el cual presenta una alta tecnificación debido, principalmente, a la extracción del recurso petrolero.

En general, los resultados arrojados en todos los países demuestran que el sector está vinculado con el ingreso de la mano de obra menos técnica. Al considerar la situación de la agricultura ampliada, el porcentaje de trabajo calificado se eleva al 3,1% y baja el correspondiente al trabajo no calificado al 15,5%. El vínculo entre producción agrícola y mano de obra no calificada se confirma, al igual que se confirma que el vínculo con mano de obra calificada se hace más fuerte conforme pasamos de agricultura primaria a ampliada.

El análisis de encadenamientos de la agricultura, vía el destino de la producción agrícola y vía los costos de producción, permite apreciar la relevancia de la agricultura ecuatoriana, por cuanto es una fuente de insumos para el resto de las industrias, y es fuente de divisas y generadora importante de valor agregado. Se argumenta también que el ingreso generado por la agricultura permanece en las regiones rurales y tiene un rol clave en la sostenibilidad del medio de vida rural.

III. ¿Cae la importancia o la
contribución de la agricultura al PIB?

En la literatura está muy bien documentado el hecho de que con el desarrollo económico la participación de la agricultura en el PIB disminuye. Esta misma tendencia es notable en el gráfico No. 1, donde la participación de la agricultura según cifras oficiales ha caído de 28,6% en 1993 a 7,35% en el 2005. Incluso cuando se habla de agricultura ampliada, en el mismo gráfico, su participación bajó de 28,6% a 16,08% durante esos mismos años.

No obstante que los cálculos para Ecuador indican que, en promedio, cada año la participación de la agricultura primaria en el PIB cae en una proporción de 0,0752 puntos porcentuales por cada 1% que aumenta el PIB per cápita, esto no implica que la agricultura caiga en importancia como dinamizador del desarrollo económico ecuatoriano. Una participación baja o con tendencia a la baja no es indicador de que pierda relevancia en la economía, por el contrario puede ser un indicador de mayor generación de valor agregado.

Para observar el impacto que tiene la agricultura sobre la economía en su conjunto, se complementó el análisis con un modelo econométrico que permite estimar las elasticidades. Los resultados indican que, en el corto plazo no se espera respuesta del resto de la economía ante cambios en el PIB agrícola primario. Sin embargo, la elasticidad de largo plazo (0,438%) indica que el sector agrícola primario tiene un efecto positivo sobre el resto de la economía: ante un cambio en el PIB agrícola primario de un 1%, el PIB del resto de la economía aumentaría en 0,43%. Esta elasticidad es superior al promedio de América Latina y el Caribe, que según estimaciones del Banco Mundial es de 0,12%.

Por otro lado, no se encontró evidencia de efectos en la dirección contraria, es decir de cambios en el resto de la economía sobre el sector agrícola primario.

IV. Principales conclusiones

  • La agricultura ecuatoriana es importante no solamente por su impacto en el crecimiento económico nacional, sino porque cada dólar que se invierte en este sector contribuye a mejorar el ingreso de la población. De ahí que darle prioridad económica resulte una tarea ineludible.
     
  • Los indicadores proporcionados sirven de base para que todos los esfuerzos se enfoquen hacia el repo- 26 Edición Nº 4, II Etapa, octubre-diciembre, 2005 sicionamiento de la agricultura en el ámbito político, a fin de lograr una mejor asignación de presupuesto del Estado, y para la definición de políticas e instrumentos de apoyo de acuerdo con su verdadera importancia relativa para el desarrollo del país.La contribución del sector agropecuario es fundamental ya que, visto desde un enfoque sistémico, es del 23,2% al PIB, y no del 9%, según las estimaciones tradicionales.
     
  • Al analizar el destino de la producción agrícola para el caso de Ecuador, se aprecia que la agricultura es una importante fuente de insumos para otras actividades productivas. Tres quintas partes de la producción agrícola son utilizadas como insumo de otras industrias y/o sectores. Esto genera importantes encadenamientos hacia delante.
     
  • El estudio permitió ver que por cada dólar producido en la agricultura unos 66 centavos se transforman en valor agregado.
     
  • En términos globales, se determinó que un aumento en el PIBA de un 1% genera un aumento en el PIB del resto de la economía de 0,43%, que es mayor al promedio que se genera en ALC (0,12%).
     
  • En cuanto a absorción de mano de obra (calificada y no calificada), el sector agropecuario se convierte en el mayor demandante de este factor de la producción. Durante los años 1993 y 1997 se utiliza el 60% y el 54%; el mayor peso para este aporte lo da la mano de obra no calificada.
     
  • Las evidencias del desempeño de la agricultura de otros países de América Latina muestran que existe un gran potencial para generar mayores encadenamientos de la agricultura con el resto de la economía.
     
  • Finalmente, se plantea como reto continuar la tarea de mejorar la forma en que se contabiliza el aporte de la agricultura al desarrollo económico, sobre todo en la conservación del ambiente, el alivio a la pobreza, la seguridad y soberanía alimentaria y como fuente de nuevas formas de energía.

En suma, la medición de la verdadera contribución de la agricultura mediante la utilización de mejores métodos, ayuda al entendimiento sobre su importancia para el desarrollo. Con ello se pueden mejorar las decisiones en materia de inversión y la formulación de políticas para la agricultura, asignación de presupuesto de acuerdo a su importancia relativa, que contribuya más efectivamente al desarrollo y a la reducción de la pobreza.

En Ecuador, el aporte promedio del sector agropecuario durante el período 1985 -2005 sería de 12,96%; no obstante, la agricultura ampliada refleja un valor promedio superior al 25,69%.

Tres quintas partes de la producción agrícola ecuatoriana son utilizadas como insumo de otras industrias y/o sectores. Esto genera importantes encadenamientos hacia delante.

1Banco Mundial. 2005 ”Beyond the city: the rural contribution to development”. Washington DC.

2 El estudio realizado para Ecuador, tiene un ajuste metodológico, según el criterio usado por el Banco Mundial en la citada publicación, para corregir posibilidades de sobreestimación del aporte de la aagricultura ampliada. En este sentido, se calculó la proporción del valor agregado de otros sectores que puede ser realmente atribuida al sector agrícola, según los coeficientes de la Matriz de Contabilidad Social para Ecuador. También se realizan ajustes para tomar en cuenta solo el componente de la demanda intermedia de origen doméstico y diferenciarla de la demanda intermedia importada. En resumen, el nuevo indicador es la suma de la contribución de la agricultura primaria el PIB más los encadenamientos hacia atrás y hacia adelante del sector con el resto de la economía.

3  PIB agrícola, silvicultura, caza y pesca más alimentos y manufacturas derivadas de este sector.

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