Propuesta de la candidatura de México a la Dirección General del
IICA
En esta nota breve se ofrecen las principales consideraciones para
mejorar la capacidad del IICA para responder a las necesidades de sus
países miembros, a partir de un reconocimiento de las oportunidades y
los desafíos en la agricultura. Para ello se analiza primero, el
contexto y la naturaleza de las oportunidades y desafíos; y
posteriormente se presentan las propuestas de tipo operativo para
mejorar la capacidad de servicio del Instituto.
El contexto
Globalización y eventos recientes que marcan el camino
En las últimas décadas el escenario internacional se ha tornado particularmente
complejo a consecuencia de la globalización de los procesos económicos y
financieros, y el acelerado avance tecnológico que se ha registrado,
principalmente en materia de telecomunicaciones, informática y biotecnología. La
estrecha interdependencia que ahora existe entre las naciones y en los mercados
internacionales, hace que las decisiones que se toman en una parte del mundo
repercutan, de manera casi inmediata, en el resto de los países, obligando a que
las medidas de políticas nacionales tengan que basarse en consideraciones que
trascienden las fronteras políticas. También conllevan una mayor
corresponsabilidad de todos los países en las decisiones que se toman ante los
problemas que les atañen.
La forma en que cada país decidió su inserción a la economía mundial y la falta
de regulación en los organismos financieros internacionales, y en los gobiernos
de los países centrales, sobre el comportamiento de los mercados, ha hecho que
algunas regiones y países, entre ellos los de América Latina y El Caribe, sean
especialmente dependientes y vulnerables a los vaivenes financieros
internacionales, como quedó evidenciado crudamente durante el 2008 ante la
crisis económica, energética y de los alimentos, que han mostrado problemas
estructurales que no se han resuelto y que amenazan con prolongarse en el
mediano plazo.
Al igual que en el resto del mundo, el modelo y el paradigma de desarrollo
económico adoptados por los países de la región hace ya casi 30 años evidencia
sus límites, por lo cual es imprescindible adaptarse a la nueva realidad y a los
nuevos problemas, y ensayar nuevas vías de desarrollo no concebidas hasta el día
de hoy. La búsqueda de alternativas debe partir de la diferenciación en el grado
de desarrollo de los países americanos, en las problemáticas particulares de
cada uno de ellos, en la complementariedad que deben tener las políticas de los
gobiernos y en las acciones emprendidas por los distintos organismos de
cooperación continentales.
Aprendiendo de la experiencia
Es necesario enfrentar la crisis actual y lograr una pronta recuperación,
superando el paradigma que ha contribuido a ella. Habrá que conservar y
profundizar lo positivo del modelo que permitió superar casi una década perdida
de desarrollo y sacar de la pobreza a más de 100 millones de habitantes en el
continente, y que permitió construir en el norte del continente la agricultura
más moderna y productiva del mundo. Habrá que rescatar elementos como la
apertura comercial con prudencia, la disciplina en las finanzas públicas, la
estabilidad macroeconómica, la competitividad, los estímulos a la inversión y al
ahorro privado, la eficiencia en la gestión pública y empresarial, y la
recuperación del papel del mercado en la economía.
Pero también habrá que desechar lo que frenado el potencial de los países,
impedido su desarrollo integral y la construcción de una sociedad más
equitativa, como la desregularización a ultranza, el relegamiento del papel del
Estado, la concentración del ingreso y la riqueza, el dejar de lado
consideraciones sociales, ecológicas y ambientales y el supeditar importantes
objetivos nacionales a los dictados de los mercados internacionales.
Es indiscutible que los gobiernos y los organismos internacionales deben
abocarse a resolver, de manera estructural, los nuevos temas que hoy dominan la
agenda mundial y que no pueden seguirse posponiendo porque la dimensión de la
crisis actual nos demuestra que hemos llegado a un punto de no retorno. Los
temas que debemos resolver, en un nuevo marco regulatorio, de cooperación
internacional y a través de políticas públicas innovadoras y audaces, son los de
la redefinición del papel de la agricultura, como generadora no sólo de
alimentos y materias primas sino también como una de las principales fuentes de
energía limpia, que permita alcanzar la seguridad alimentaria, la superación de
la pobreza, la sustentabilidad ambiental y el desarrollo de las áreas rurales.
Estos son los temas en cuya solución debemos concentrar nuestros esfuerzos.
Un optimismo con realismo
En los países americanos, la agricultura ha tenido un papel fundamental en el
desarrollo económico y ha sido la base de los procesos de industrialización,
urbanización y acelerado crecimiento demográfico que han configurado a las
modernas sociedades americanas. La agricultura ha proporcionado los alimentos y
materias primas necesarias para este desarrollo y, sin embargo, en la mayoría de
los casos, sobre todo en los países latinoamericanos y caribeños, la sociedad
rural se ha quedado rezagada con relación a los grupos urbanos. No obstante ese
rezago, que constituye uno de los principales pendientes, se ha sabido
aprovechar sus ventajas comparativas, gracias a la vocación y capacidad de la
gente del campo, a su esfuerzo y su tenacidad, que se ha traducido en ventajas
competitivas.
Durante las últimas décadas, los hombres y mujeres del campo de nuestro
continente han mostrado que con el apoyo de sus gobiernos, son capaces de
participar con éxito en los cada vez más competitivos y exigentes mercados
mundiales. A quién no llena de satisfacción, como latinoamericano o caribeño,
encontrar en los mercados de Europa, Medio Oriente o de Asia productos de la
mejor calidad procedentes de la región. Y a quién no llena de orgullo que el
norte del continente siga siendo el principal granero del mundo y que la
producción de granos, hortalizas y productos pecuarios de esa región siga siendo
la que marca la pauta en los mercados internacionales por su competitividad y
eficiencia productiva.
La agricultura del hemisferio tiene incontables experiencias de éxito. Todos
estos casos muestran cómo se puede alcanzar niveles de desarrollo de los más
altos niveles, cuando los esfuerzos de los productores son acompañados por
adecuadas políticas públicas y por un adecuado marco institucional. Estos éxitos
nos convencen que tenemos la oportunidad de un mejor futuro y que los organismos
multilaterales tienen un papel fundamental para promover el desarrollo integral
de nuestras sociedades rurales a través de mejores y más eficaces mecanismos de
cooperación y de servicios especializados que contribuyan a hacer más productiva
y competitiva la agricultura continental.
Encarar dificultades y superar retos
Lograr un mejor futuro requiere abordar con decisión y sin dilación las
importantes tareas que aún quedan por cumplir.
En muchos países americanos el desarrollo rural ha sido desequilibrado y ha
favorecido la concentración de la riqueza. Se ha fallado en proveer de
oportunidades económicas y de desarrollo a la mayoría de la población rural
latinoamericana y de El Caribe, en especial a los productores minifundistas o de
subsistencia y con limitaciones agroecológicas serias, por lo que sigue
creciendo la emigración rural, sobre todos de los jóvenes, a las ciudades y
hacia los países más desarrollados del área. Por otro lado una buena parte de
quienes se han quedado en sus tierras se han empobrecido y enfrentan serias
dificultades para satisfacer sus necesidades básicas.
Los niveles de capitalización e infraestructura rurales al sur del Río Bravo son
bajos, la mano de obra no tiene capacitación; la investigación y el conocimiento
tecnológico han quedado rezagados y deben ampliarse, profundizarse y
transferirse de manera más eficiente; las cadenas agroalimentarias tienen que
integrarse; los productores deben participar cada vez más en la transformación y
comercialización de sus productos; los mercados rurales deben operar con mayor
eficiencia; las iniciativas productivas del sector privado requieren ser
estimuladas; los productores y trabajadores rurales deben mejorar sus ingresos y
disfrutar de un mayor bienestar social y un mejor futuro.
A su vez, los países más desarrollados del continente encaran también nuevos
retos pues no solamente deben conservar su liderazgo mundial en competitividad y
eficiencia, sino que tienen que mantener ese liderazgo combinándolo con la
sustentabilidad, la protección al medio ambiente, la generación de energías
limpias y prácticas comerciales equitativas que sean benéficas para todos los
países y que se apeguen a la regulación comercial establecida por los distintos
organismos internacionales.
Con la mira en el futuro
El gran mercado del presente y del futuro
El crecimiento de la población, la urbanización y el aumento en los ingresos son
una oportunidad para la agricultura de los países del hemisferio. En solo
treinta años, la población de este continente se habrá duplicado. Este es el
gran mercado, una oportunidad pero también un desafío si esa población no
aumenta proporcionalmente su capacidad adquisitiva. Es necesario consolidar la
integración comercial y establecer políticas de desarrollo que eleven los
ingresos de todos los sectores sociales y particularmente, de los grupos
marginados.
Aprovechar la interacción hemisférica
Los países americanos, tienen cada vez mayores interrelaciones de orden
económico, social, y cultural. Su integración constituye una oportunidad para un
comercio de productos con más calidad, más sanos y de mayor valor agregado que
tiene que ir acompañada de una mayor cooperación en la investigación y el
desarrollo científico, todo lo cual debe traducirse en un mayor desarrollo de la
sociedad rural del continente.
Eliminar la desigualdad interna
La agricultura a nivel hemisférico se ha hecho cada vez más complementaria, como
se deduce de la estructura del comercio exterior agroalimentario y por la
consolidación de bloques comerciales continentales. Sin embargo, existen fuertes
diferencias regionales y asimetrías en los países del área y también la
agricultura dentro de cada país ha tendido a la polarización económica y social.
De manera particular, en los países latinoamericanos y caribeños existen por un
lado, zonas y sectores con agricultura moderna altamente competitiva, con
productores que reciben buenos ingresos. Por otro lado, está una gran masa de
productores rezagados, con bajos niveles de eficiencia y productividad, al
margen del mercado y con altos niveles de marginación, en su mayoría con
pequeñas parcelas con capacidad limitada de producción. El gran desafío es
encontrar el camino para cerrar esa brecha y poner énfasis en fortalecer y hacer
más competitivos a los pequeños y medianos productores agropecuarios para que
puedan acceder a los mercados y logren niveles de vida adecuados. En los países
más desarrollados del continente, por su parte, si bien no existe esa
polarización, sí existe una desigualdad entre los más grandes y tecnificados
productores y las grandes empresas comercializadoras, transformadoras de
alimentos y generadoras de tecnología, que son las que controlan la mayor parte
del mercado y los agricultores medianos y pequeños, por lo cual es necesario
también promover políticas y acciones diferenciadas que promuevan un mayor
equilibrio y equidad.
La oportunidad para todos
En este contexto, los pequeños y medianos negocios en la agricultura y las
agroindustrias tienen múltiples oportunidades, independientemente de su escala,
incluyendo los campesinos y las comunidades indígenas, que pueden crear
productos y servicios atractivos para nichos especiales de mercado, a partir de
la riqueza de su biodiversidad agro-ecológica y cultural y de sus habilidades
ancestrales.
La responsabilidad más allá de los Ministerios de Agricultura
La agricultura estuvo olvidada de las políticas públicas en la mayoría de los
países del continente. Las consecuencias han sido lamentables. Dado que el
potencial existe, deben adoptarse, en los países latinoamericanos y del Caribe,
políticas agrícolas y de desarrollo rural de Estado, con visión de largo plazo,
presupuestos multianuales y una adecuada sinergia entre las distintas instancias
de gobierno que tienen relación con la sociedad rural, semejantes a las que
existen en varios países. Es fundamental para la recuperación del campo que esas
políticas se conviertan en realidad por la vía de instrumentos adecuados y
recursos económicos suficientes. A su vez, es necesario que los países más
desarrollados del continente mantengan y enriquezcan sus políticas agrícolas
exitosas de largo plazo, con un enfoque que atienda la nueva agenda mundial, la
cual debe dar solución a los problemas ambientales, a la generación de energías
limpias y a promover el desarrollo integral y equitativo entre las regiones, así
como un comercio internacional y doméstico más justo.
Más inversión pública y privada
Es fundamental que los gobiernos destinen más recursos a la agricultura y que
generen las condiciones para atraer más inversión privada. Se debe ampliar y
fortalecer a la banca de desarrollo y promover que la banca privada se
comprometa realmente con la inversión agrícola, así como diversificar las
fuentes de financiamiento, incluyendo ahorros de las familias que ya viven en la
ciudad, de las remesas, de empresas en otros sectores nacionales y del exterior,
y desde luego de los propios agricultores y agroindustrias.
Renovar la capacidad institucional pública y privada
Construir una mejor institucionalidad en los sistemas agroalimentarios y en el
medio rural es fundamental. La tarea requiere de una visión renovada de las
capacidades requeridas en los Ministerios y otras entidades del sector público,
en las organizaciones gremiales y en las organizaciones y gobiernos locales.
Ello pasa por una mayor responsabilidad del Estado para invertir en el
desarrollo de capacidad institucional y por desarrollar una mayor consciencia,
capacidad productiva y participación de los agentes económicos,
independientemente de su tamaño y grado de integración.
Las únicas oportunidades buenas son las que se aprovechan
El momento para atender mejor a la agricultura es propicio, pues se combinan una
serie de factores. La crisis de los precios internacionales ha creado una
preocupación sobre el riesgo de una mayor crisis alimentaria y que el hambre se
extienda. Las consecuencias del cambio climático conlleva también el riesgo de
desabasto y la disminución de divisas en los países agroexportadores, así como
una mayor dependencia del exterior de los países que no son autosuficientes. Al
mismo tiempo las experiencias positivas de varios países en programas de apoyo a
la agricultura y el respaldo dado por la banca internacional de fomento, proveen
evidencia de que un cambio positivo es factible. El hecho de que en su Informe
sobre el Desarrollo Mundial-2008 del Banco Mundial la agricultura haya sido el
tema central, es sintomático de esta percepción.
La responsabilidad del IICA
IICA: un compromiso genuino
En este nuevo contexto, el papel de los organismos de cooperación multilaterales
cobra una especial relevancia, porque constituyen uno de los mecanismos más
efectivos para promover una nueva visión de los retos y de las oportunidades que
tiene la agricultura hoy día y son un valioso apoyo para la toma de decisiones
de los gobiernos y la instrumentación de las políticas públicas que se
requieren. El IICA es una institución de los Gobiernos del Continente, se debe a
ellos como organismo hemisférico, y es útil para la generación de los bienes
públicos regionales y el desarrollo de las capacidades nacionales para
aprovecharlos mejor. El IICA realiza en forma permanente este doble mandato y
debe cumplirlo contando para ello con sus recursos humanos, los de los países y
el apoyo de otros organismos internacionales interesados y comprometidos con el
desarrollo.
Trabajar coordinadamente, con la mayor celeridad y eficacia, sin duda atenuará
las consecuencias de la crisis y fortalecerá el compromiso con el futuro. Para
lograrlo, se requiere de un nuevo liderazgo y una nueva visión de las
Instituciones. El IICA, como institución líder de la Agricultura en las Américas
no puede sustraerse de estos compromisos y debe de asumir su responsabilidad con
mucha seriedad. Creado hace más de 60 años para apoyar el desarrollo de la
agricultura en los países del Hemisferio Americano, hoy requiere de una visión
renovada que con nuevas capacidades técnicas sea capaz de apoyar oportuna y
eficazmente a sus miembros a responder a los retos del presente y a construir la
agricultura del futuro.
Para contribuir a la creación de un nuevo futuro, el IICA debe alcanzar los
siguientes objetivos: a) Contribuir a posicionar y fortalecer en la agenda del
desarrollo a la agricultura y a las comunidades rurales; b) propiciar el
estímulo a los motores del desarrollo agropecuario y rural, especialmente los
relativos al desarrollo del capital humano, c) la tecnología, la innovación, el
papel de los mercados, la integración económica y el papel de las
organizaciones; d) contribuir al diseño de programas para el desarrollo
agropecuario y de los territorios rurales; e) apoyar en la reformulación de las
políticas, instrumentos, e institucionalidad para el desarrollo agropecuario y
rural; f) responder ágil y eficientemente a las demandas de los nuevos desafíos
de la agricultura; g) contribuir al esfuerzo de los países por reducir los
efectos del “calentamiento global” y la destrucción de los recursos naturales,
mejorando su sustentabilidad; h) propiciar un trabajo coordinado con otras
agencias de desarrollo, especialmente la banca multilateral, para crear
sinergias, evitar duplicidad y reducir ineficiencias en la aplicación de
recursos. Lograr que el IICA alcance estos objetivos requiere de una
trasformación que rescate la experiencia de su historia, que se base en
principios rectores claros y transparentes y se construya con el trabajo
conjunto y comprometido de su personal. Para esto proponemos un IICA que, con
una institucionalidad innovadora, una conducción política estratégica con una
visión hemisférica, y una cultura institucional de servicio, transparencia y
rendición de cuentas, sirva a sus países miembros en forma eficiente, efectiva,
ágil y oportuna.
Proponemos un IICA que promueva el respeto a la diversidad de sus países
miembros; construya alrededor de principios de responsabilidad social y
ambiental; fomente el desarrollo humano y la participación colectiva e
individual de su personal; promueva la cooperación técnica a todos los niveles;
maneje transparente y responsablemente sus recursos; rinda cuentas oportunamente
y aproveche las sinergias internas y externas que le son naturales.
Proponemos un IICA que sea efectivo facilitador y un puente que vincule a todos
los países del continente mediante la promoción de tecnologías adecuadas a la
realidad de cada uno de los países y una cooperación interamericana más
efectiva. El IICA debe ser garante de una cooperación entre los países
americanos que se traduzca en un desarrollo rural integral y en coadyuvar para
la formulación de políticas públicas que den respuesta a los grandes desafíos
que encara la agricultura del nuevo milenio.
A continuación se presentan en forma resumida los ejes principales de la
propuesta para mejorar la capacidad del instituto orientada a servir más
eficazmente a todos los países, en el marco de su mandato institucional.
Más eficiente a nivel hemisférico
Desempeñará un papel más técnico, de liderazgo, de visión prospectiva y de
anticiparse a los hechos que van a tener influencia en las decisiones que se
deben tomar para el bien de la agricultura; por lo tanto reconsiderará la agenda
y organización actual con un orden de prioridades a nivel hemisférico, regional
y nacional. Para ello se concentrará en aquellas acciones que contribuyan mejor
al desarrollo de la capacidad de los países para definir las medidas adecuadas
en distintos campos prioritarios y estratégicos y contribuirá a desarrollar la
capacidad de las organizaciones nacionales para ponerlas en práctica. Este
planteamiento requiere el apoyo de la Junta Interamericana de Agricultura (JIA).
Más eficiente a nivel sub-regional
Valorará su papel actual a nivel de cada sub-región reconociendo que las
necesidades en dicho ámbito son diferentes en cada caso. Para ello focalizará su
quehacer en lo que es más relevante y hará muy explícito cuáles son los temas y
tipos de acciones a nivel de sub-regiones en los que su trabajo es indispensable
y de mayor impacto.
Más eficiente a nivel nacional
Reconociendo que las agendas nacionales son importantes y necesarias, deben
guardar un mejor equilibrio con los objetivos del desarrollo rural y de la
agricultura hemisférica, de los acuerdos actuales de la JIA y de los nuevos que
fije ese órgano máximo para el período como organismo hemisférico. Para ello el
Instituto será más eficiente en apoyar a los países haciendo el mejor uso de los
medios para la cooperación y movilizando capacidades a nivel hemisférico.
Considerando que establecer instrumentos de política sectorial efectivos y
construir organizaciones públicas y del sector privado responsables de su
administración, son algunas de las tareas más importantes que requieren los
países, el IICA responderá en forma urgente a esta necesidad.
Mejor asignación de recursos
La distribución de los recursos de cuotas será más equitativa entre la acción
hemisférica que genera bienes públicos internacionales de interés para todos los
países y los que son prioritarios para algunos de ellos, y se irá aumentando con
otros aportes, a medida que se dan particularidades e intereses de cada
sub-región o país. Para ello se establecerán programas de cooperación con los
organismos financieros internacionales para captar recursos de preinversión que
se movilicen para generar proyectos de inversión pública estratégica de calidad
en la agricultura de cada país.
Desarrollar la capacidad técnica
El IICA utilizará su capacidad, prestigio y recursos para fortalecer capacidades
que ya existen en los países y que están disponibles para su aprovechamiento. Al
respecto optará por un mayor equilibrio en la asignación de personal por áreas
temáticas, y utilizará la capacidad existente en los países.
El compromiso que adquiero como Director General del IICA es lograr que sea una
institución más confiable, respetada y eficiente en su contribución a la
reducción de la pobreza y conservación de nuestros recursos; pero sobre todo,
para que las mujeres y los hombres del campo, de nuestro campo, tengan la
oportunidad de que las actividades productivas de las que dependen para su
sustento se desarrollen. Los tiempos que vivimos requieren de nuevos estilos de
liderazgo, nuevos enfoques, nuevos sacrificios. Mi compromiso es ofrecer este
nuevo estilo de liderazgo, crear conjuntamente con todos ustedes estos nuevos
enfoques y convertir los sacrificios en oportunidades que nos permitan crear una
sociedad más justa y un mundo más equitativo y sostenible.
Dr. Víctor Villalobos
Candidato a Director General del IICA